Las corrientes oceánicas desempeñan un papel fundamental en la regulación del clima terrestre. Estos flujos masivos de agua, tanto en la superficie como en las capas más profundas, actúan como una cinta transportadora que transporta el calor por todo el planeta. Por ejemplo, la Corriente del Golfo transporta agua cálida desde el Golfo de México hasta la costa este de Estados Unidos y, a través del Atlántico, hasta Europa Occidental. Esto contribuye a moderar las temperaturas en lugares como el Reino Unido y Francia, haciéndolos significativamente más templados que en otras regiones de latitudes similares.
Sin embargo, el cambio climático está empezando a perturbar estos delicados sistemas. A medida que el hielo ártico se derrite, aporta una oleada de agua dulce al Atlántico Norte. Esto reduce la salinidad y la densidad del agua, lo que puede ralentizar o incluso detener las corrientes oceánicas profundas que dependen del agua fría y salada que desciende. Si estos sistemas se debilitan, algunas regiones podrían enfrentarse a patrones climáticos más extremos, desde inviernos más fríos en Europa hasta el aumento de las temperaturas en las zonas tropicales.
+ Ask anything